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El difícil emprendimiento en Chile

Enviado por Vicente Sandoval H. el 08.07.2008 a las 1:41

Con este mismo título comienza el artículo de César Barros publicado hace dos fines de semana -domingo 22 de Junio-2008- en el diario La Tercera y que me llamo la atención.

Lo cierto es que desde hace varios años todo lo que tenga que ver con emprendimiento me llama la atención, pero el emprendimiento es algo difícil y más en Chile.

Hace un mes atrás quería enviar una carta al diario, cualquier diario, para contar lo difícil que fue crear mi primer empresa "logoverde.cl", que para ser sincero no tuvo mucho éxito debido a la inexpriencia y escaso apoyo que un estudiante de diseño de 3 año, pudo encontrar. Lo triste de esta historía no fué lo difícil de crear una empresa, sino cerrarla.

Crear una empresa o adquirir una personalidad jurídica a partir de una persona natural es gratis. Me tomo al rededor de un mes, ocho viajes al SII Temuco y horas que jamás conté esperando en la fila. Nada que un espíritu joven no pudiese afrontar. Al menos era gratis, pensaba. Luego de dos años, el 2007 me reuno con 3 ingeniero civiles informáticos de mi misma universidad (UCTemuco) para dar origen a Geod Chile Ltda. De inmediato postulamos al capital semilla de CORFO para ideas innovadoras y estaba todo bien hasta que en las bases nos piden que "ninguno de los socios puede tener actividad económica anterior relacionada con la idea innovadora"... slash! ahí estaba yo con el Diseño, pues bien dije, acabaré con "logoverde.cl", pues ya hace tiempo no trabajaba con mi compañero quien me acompaño en esta aventura. Pues bien, aquí vino el infierno, papeles, contadores, FUT, FAT, Buscar boletas, etc... 3 meses corriendo, burocracia, burocracia, burocracia. Lo cierto es que con un poco más de dinero me hubiera salido todo más fácil, pero yo estaba dispuesto a demostrar que en Chile no se necesita dinero pare emprender... lo cierto es ahora que emprender vuelo con una mochila del doble del peso de tu cuerpo, en un viento huracanado, con lluvia, con una ala atrofiada... hubiese sido más fácil.

No podía entender tal nivel de burocracia, que aveces justificaba con el fin de evitar que "ladrones" manipularan el sistema y robaran lo poco y nada de recursos que habían en el País. Lo que creo ahora es que los ladrones aprenden y mientras más burocracia, más inteligentes se vuelven. Requerimos sistemas más pequeños e inteligentes, o sea, que aprendan y no guarden el conocimiento en una lista de ordenes como hacen los procesadores... esto debe cambiar.

Bueno, no me alargo más y panadero a tus pasteles... aquí el artículo.

 

César BarrosLa Tercera • Domingo 22 de junio 2008

Me han quedado dando vueltas por la cabeza algunas opiniones críticas sobre el modelo chileno, y quisiera mezclarlas con el “gran-gran” tema de la innovación en Chile. El Estado chileno está disponible, al parecer, para hacer un enorme esfuerzo financiero en innovación: clusters, consorcios, plan Chile-California… Pero poco se va a sacar con ese gasto si la materia prima de la innovación en Chile es casi inexistente, y la poca que hay, envejece en forma inexorable.

¿Cómo vamos a tener jóvenes innovadores, cuando escolares y universitarios en Chile quieren hacer desaparecer “el lucro”?, palabreja peyorativa, que singifica — ni más ni menos — que el derecho a ganarse unas lucas arriesgando capital y talento, por encima de un seguro sueldo fijo. ¿Cómo vamos a formar emprendedores, cuando sus maestros de escuela odian el concepto empresarial? ¿Cómo van a ser ejemplo de la juventud quienes son permanentemente tildados por políticos importantes de “chupasangres” y otras lindezas?

Sin embargo, aquí me hago cargo de las opiniones de Landerretche y Cruz Valdés, respecto de las culpas del propio sector privado chileno en el desprestigio de la actividad empresarial.

Una de las reglas de oro del ejército de Napoleón, que le daba a cada soldado una fuerte razón para el heroísmo, es que cada uno llevaba en su mochila un bastión de mariscal: Era símbolo de la meritocracia. El signo sensible de lo que se podía lograr. Y ejemplos no faltan: Soult, Murat, Masséna, Bernadotte, Ney y Berthier. Todos hombres del pueblo que habían llegado a la cúspide por su valentía y talento.

En Chile, un joven emprendedor, no solamente se las tiene que ver con un sistema bancario que lo primero que le pide son sus tres primeros balances auditados y las ventas de cinco. Para un crédito hipotecario, un contrato de trabajo y sus liquidaciones de sueldos y de impuestos: Todas “pedidas” imposibles de realizar por un empresario que recién parte. Y si llega a quebrar, queda convertido — por obra y gracias de una ley decimonónica — en un paria empresarial empresarial y social. El fracaso es parte de las reglas del juego del emprendimiento.

Y para agregar insultos a las injurias, quienes muchas veces aparecen como “ángeles” o protectores, les terminan robando sus proyectos, que tienen que ser vendidos a vil precio por falta de capital o de “resistencia financiera” de los emprendedores jóvenes.

El sistema poco competitivo de muchas de nuestras áreas de negocios hace muy lejana la visión del éxito para la juventud. Aquí nadie cree posible quitarle el bastón de mariscal a los que ya existen. Desde hace mucho tiempo que el empresario ha dejado de buscar con ahinco más competencia. En cambio, se deja estar para seguir gozando de un estado de cosas más o menos “remolón”, pero seguro. He escuchado, de voces influyentes, que este es el mejor de los mundos. Que le tendrían pavor a un reinado de derecha, que se volviera inmanejable, competitivo y, sobre todo, impredecible: Que están contentos con las cosas tal como son ahora.

Y por otro lado, están nuestras industrias más masivas en la población, con sus pésimos servicios: ¿Han tratado de cambiar el TAG cuando se compran un auto nuevo? ¿Han tratado de cambiar una polera defectuosa, en algún retail? ¿O cuando se cambian de casa o departamento, de cesar su conexión el TV cable, el teléfono u otro servicio? ¿O revertir un cobro mal hecho por un banco, o cobrar el reembolso de una isapre? ¿Cuanto se demoran en arreglarle algún defecto en su conexión al celular?

Para qué decir del trato de las grandes empresas a sus proveedores pequeños o medianos: Mientras más chicos, peor el trato, y más dura la negociación y sus términos. Hay empresas grandes, en que si algún proveedor factoriza, lo cambian de clasificación o simplemente lo terminan. Y los emprendedores normalmente parten como proveedores de los más grandes. Para qué les digo las dificultades para reprogramar un crédito cuando las cosas se ponen duras: Más vale contratar al tiro un buen experto.

Y esto no es culpa del sector público. Son malas costumbres de las empresas privadas, en particular de aquellas “reguladas”, que por no poder subir sus precios devalúan el servicio a sus clientes. Otras, porque su tamaño les permite abusar de su condición.

Así, durante el día, los niños escuchan a sus profesores desprestigiar “el lucro”. El domingo escuchan a los clérigos diciendo lo mismo. Y en la tarde y en la noche a sus padres quejándose por el mal servicio de las empresas privadas. Y, si a pesar de todo eso, deciden emprender, el sistema será esquivo con ellos: Sin créditos, sin verdaderos “ángeles”, y con malos clientes. Toda una hazaña.

César BarrosLa Tercera • Domingo 22 de junio 2008

 

 

Vicente Sandoval H.

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